

Cuando los profesionales de la salud, quienes tienen la responsabilidad ética y profesional de curar y cuidar, utilizan sus habilidades y conocimientos para hacer daño, se produce una grave traición a la confianza del paciente y se violan los principios fundamentales de la medicina. Este comportamiento no solo tiene consecuencias devastadoras para las víctimas y sus familias, sino que también mancha la reputación de la comunidad médica y socava la confianza pública en el sistema de salud. Es esencial que existan medidas de control, protocolos estrictos y sistemas de denuncia eficientes para prevenir, detectar y sancionar tales actos.








